Después de casi once años de casada, después de haber decidido esperar, después de pensar que esperé demasiado y que ya no era posible, después de haber padecido de cáncer y recibir la noticia de que no podría conseguirlo, después de mucha tristeza, después de la resignación, después de todo esto; hablé con Dios, le abrí mi corazón y le dije:
Dios que está en el cielo, acepto tu decisión. Si esa decisión es que solo me quede con un hijo (Alfonso), yo lo acepto; pero si crees que es posible que tenga otro bebé; también lo aceptaré como un regalo divino, y si tu decisión es esta última, deseo que sea una niña; pero claro lo más importante es que sea sana, amén.
Más o menos un mes después me entero de que estoy embarazada; nueve años después de mi primer embarazo, desde el principio sabía que era una niña; ya tenía nombre, hace años había escogido el nombre. No fue un embarazo tranquilo, tuve amenaza de aborto en los primeros meses, luego al final del embarazo comencé a ver un sangrado y por último, un día antes de la cesárea mi presión arterial se disparó (preclampcia), pero nada, ya Dios había decidido que Patricia naciera.
Y para que no quedara duda me la mandó con los Reyes Magos, la niña nació el 6 de enero, 2010, sana y hermosa.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)

